ETAPA 15. ARES – VILAFRANCA 14,1 km

El Lligalló

Histórica/ arquitectónica

El Lligalló o la comunidad ganadera de una comarca, tenía la función de recoger, custodiar y librar a los propietarios las reses sin amo, perdidos o descarriados. Fue creado por el rey Jaime I en el siglo XIII y estuvo en funcionamiento hasta el año 1835.

Yacimiento en la Balma del Barranco de la Fontanella (Vilafranca)

Se trata del segundo yacimiento de la Comunidad Valenciana donde se ha constatado una ocupación humana en el Mesolítico. Entre los años 2011 y 2013 se realizaron campañas de excavaciones. Los resultados de las mismas permiten confirmar la existencia de un yacimiento que cubre la transición entre el Mesolítico y el Neolítico. En la última campaña de excavación se ha confirmado que en el yacimiento hubo cuatro momentos de ocupación. El más antiguo tiene 9000 años, el segundo, 7000 años, y el tercero, 5000 años. A finales del Neolítico, hace 3000 años, la balma o cueva se utilizó como lugar de enterramientos.

Antes de llegar a Vilafranca se encuentran 2 parajes de gran interés: les Mallades y el Barranc de la Fos. Les Mallades es un lugar muy apreciado por los escaladores. El Barranc de la Fos destaca por su importancia paisajística, faunística, vegetal y etnográfica.

Masovers (Vilafranca)

La vivienda tradicional de estas tierras es la masía. Su origen se remonta al proceso de la Reconquista, cuando llegaron repobladores aragoneses y catalanes en los siglos XIII y XIV.

Mientras que en los núcleos urbanos las actividades económicas estaban diversificadas, en la montaña solo se dedicaban a la agricultura y la ganadería. Estos oficios se encontraban alejados de las poblaciones, por lo que la vivienda o masía se ubicaba cerca de la zona de trabajo, y así poder atender mejor al ganado. La masía se convirtió en una unidad económica y social, aislada, y diseminada en el territorio. Los masovers o personas que habitan y trabajan en las masías, además de su dedicación, durante siglos, al cultivo de la tierra y a la ganadería, han sido los grandes conservadores del patrimonio etnológico de Vilafranca, entre el que destacan caminos, masías, fuentes, abrevaderos, etc.

Vinculado a la importancia de la ganadería hay que destacar el Lligalló. Fue una institución creada por el rey Jaume I, y era una mancomunidad de pastores que gestionaba el buen uso de los caminos.

Los azagadores (Vilafranca)

La orografía de Vilafranca hizo imprescindible la construcción de caminos de herradura para comunicar masías, poblaciones y el acceso a los diferentes recursos naturales. Así mismo la trashumancia y el tránsito del ganado local en busca de pastos para alimentarse obligó a la realización de una extensa red de caminos, llamadas vías pecuarias.

Vilafranca cuenta con una amplia red de estas vías, alrededor de setenta, que han sido testimonio de hechos históricos, culturales y sociales, marcando su desarrollo. La situación estratégica de estas tierras, punto de unión con Aragón fue clave en su historia. La extensa infraestructura pecuaria de Vilafranca permitió la comunicación e intercambio comercial entre territorios, el acceso a los recursos naturales, la trashumancia y el acceso a las numerosas masías de la zona.

Los azagadores, como es el caso de l’Empriu, permite al visitante disfrutar de la naturaleza y el paisaje a través de los estas antiguas vías de comunicación que recorren gran parte del término municipal. Caminando por ellos se descubren los aprovechamientos y usos históricos de estas tierras, el medio natural, así como las construcciones tradicionales y los restos arqueológicos conservados.

La técnica de la piedra en seco es una constante en Vilafranca. Durante siglos, la necesidad de aumentar la superficie y la calidad del terreno cultivable hizo que se extrajeran de sus tierras grandes cantidades de piedra. Con este material, el ingenio y las manos de los pobladores de esta villa, se creó una arquitectura propia, sencilla y popular, una forma única de entender el medio que los rodeaba. Se crearon centenares de kilómetros de paredes de piedra seca y centenares de casetas, balsas, pozos, bancales, azagadores, etc. Recientemente, esta técnica ha sido reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

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